En 1895 el arqueólogo estadunidense Edward H. Thompson (1856-1935) compró la plantación henequenera que incluía la zona arqueológica de Chichén Itzá por 75 dólares.
México, DF.- Hace 4 años, el iniciador de la campaña Nuevas Siete Maravillas del Mundo, el millonario suizo Bernard Weber, recibió un correo electrónico del hijo del dueño del hotel Mayaland, enclavado en la zona arqueológica de Chichén Itzá.
En el mensaje, “me decía que le encantaba mi proyecto y que quería ayudar en lo que pudiera para promover Chichén Itzá, propiedad de su familia… ¿propiedad de su familia? En sus sueños, pensé.
Pero la historia es muy cierta ahí en Chichén Itzá y, en efecto, me sorprendió confirmar que tenía razón.
Su bisabuelo compró las tierras, incluyendo la pirámide llamada El Castillo, a los vecinos, ¡cuando nadie estaba interesado en ese montón de rocas apiladas una sobre otra!” Así lo narra el propio Weber en su página de Internet, en la cual describe el recorrido que ha hecho por el mundo, visitando los lugares que compiten por el título de “nueva maravilla”.
En febrero de este año, el también cineasta viajó a Yucatán, invitado por la familia Barbachano, en efecto, dueña de los terrenos donde se encuentran los vestigios más importantes de la zona arqueológica de Chichén Itzá.
Son sólo algunas de sus propiedades en el estado y en Quintana Roo. “El INAH, que está al cuidado de más de ¡110 mil! monumentos y sitios arqueológicos en México, hizo cosas fuera de lo común para permitir la celebración de las Nuevas Siete Maravillas, con una gran escenario construido para el evento.
Inclusive, jefes de estado no pudieron disfrutar (la zona) en sus visitas oficiales anteriormente, según me contó el gobernador (Patricio Patrón) Laviada”, continúa Weber.
Y concluye: “por supuesto, con el gran número de turistas que llegan hoy y que llegarán, una estrategia de turismo sustentable debe ser creada y mantenida.
El INAH básicamente desea cerrar una parte de la zona, y las autoridades de turismo necesitan promover el turismo cultural.
Dos caras de la misma moneda, la cual tiene el gran reto de hallar el justo medio.” LA COMPRA En 1895 el arqueólogo estadunidense Edward H. Thompson (1856-1935) compró la plantación henequenera que incluía la zona arqueológica de Chichén Itzá por 75 dólares.
Reconstruyó la hacienda que había sido destruida durante la guerra de castas y ya instalado ahí se puso a explorar la región (aunque de forma muy somera y con poca técnica arqueológica, en opinión de Peter Schmidt, actual responsable de los estudios que se realizan en Chichén).
Thompson fue el primero en investigar el Cenote Sagrado, en el cual encontró cientos de piezas de oro y jade, las cuales sacó del país y ahora se encuentran en el museo Peabody de la Universidad de Harvard.
En 1926, el gobierno mexicano le expropió las tierras y lo demandó, acusándolo de haberse apropiado de manera ilegal ese importante patrimonio, pero la Suprema Corte de Justicia falló a favor del estadunidense en 1945.
Aunque el arqueólogo ya había fallecido en 1935, la propiedad fue devuelta a sus herederos.
En una parte de la propiedad, Thompson había alojado a sus colegas del Instituto Carnegie de Washington, quienes permanecieron en la zona por dos décadas.
Hacia 1918 llegó Sylvanus Morley, un arqueólogo que se puso a restaurar la antigua ciudad maya de Chichén Itzá (él reconstruyó El Castillo).
Para el financiamiento de su proyecto, Morley propuso un sistema de contribuciones provenientes de suscripciones públicas, que además tenía la intención de estimular el turismo en la zona.
En los años 30, Fernando Barbachano Peón adquirió las propiedades de los herederos de Thompson y se puso a construir hoteles, entre ellos el Hacienda Chichén Resort y el Mayaland.
Este último sorprende hoy a propios y extraños. A nivel internacional se anuncia como “el primero en el mundo dentro de un sitio arqueológico”, y es verdad.
Desde los balcones de algunas de sus habitaciones se aprecia el espléndido observatorio maya, y sus huéspedes pueden acceder a la zona arqueológica por una taquilla del INAH instalada en los jardines.
En diversas páginas de promoción turística de Internet, en inglés, el Mayaland anuncia un “plus” para sus huéspedes: paseos a caballo por “los más recientes descubrimientos” de Chichén Itzá, “con guías privados, a través de la selva, en una zona que usted no podría ver en un tour regular” (www.
cancuntips.com) En 2003, hubo un intento del gobierno del estado por poner límites a los dueños del Mayaland en su idea de que les pertenecen no sólo los terrenos de la zona, sino los vestigios arqueológicos.