Andrew, dice que es un niño porque juega con peluches, soldados y muñecos, pero luego confiesa que lo hace para “tratar de regresar a como era antes”.México, DF.- Hace tres años, apenas acababa el tercero de primaria y, este jueves, a los 12 años, se le abrirán las puertas de la universidad para estudiar las carreras de cardiólogo cirujano y sicólogo.
Andrew, dice que es un niño porque juega con peluches, soldados y muñecos, pero luego confiesa que lo hace para “tratar de regresar a como era antes”.
En tan sólo un año con un mes, hizo los últimos tres años de primaria, la secundaria y la preparatoria y pudo haberlo realizado en un periodo más corto de tiempo si no fuera por los trámites que debió realizar.
Tardó cuatro meses en sacar el cuarto, quinto y sexto de primaria, siete meses en obtener el certificado de secundaria y dos meses el de la preparatoria.
Cuenta que la única universidad que le llamó para recibirlo en sus aulas fue la de las Américas de Puebla (UDLA), con carácter privado, y la Universidad Johns Hopkins ya está interesado en él, pues busca hacer acuerdos con la UDLA para que obtenga el doble título.
Andrew Alexi Almazán Anaya es alto, delgado y cuando se pone nervioso comienza a tartamudear.
Le gusta la historia, la medicina y dice que lo que le cuesta trabajo es la redacción.
Aunque asegura que ya escribió “algunas novelas, pero todavía no se han publicado, no tengo muy buena ortografía”.
Con sus amigos Alexis y Javier - a los que considera “normales” - juega y saca los peluches, los soldaditos de juguete.
“No tengo ningún problema con ellos porque es una forma de tratar de regresar a como era antes”.
Para él, sus capacidades sobresalientes, no son propias: “Esto viene más bien de Dios”, piensa.
En entrevista, comenta que sus habilidades las tiene que aprovechar al máximo, pues se ha dado cuenta de que hay niños y muchachos que “a veces se molestan y están envidiosos tratando de sabotearme mi estudio”.
Más que tener héroes qué admirar, afirma que le gusta ser un espectador de la historia para ver “los errores del pasado y evitar que se vuelvan a cumplir”.
Entre estos desaciertos, considera que “ha habido movimientos obreros muy ligeros que han podido tumbar un país completo”, aunque no especifica cuáles.