El grupo de rock estadounidense Toto despertó una gama de emociones y colorido a la noche de millares de regiomontanos en la Arena Monterrey. Con una cátedra magistral de instrumentación y arreglos, el grupo de rock estadounidense Toto despertó una gama de emociones y colorido a la noche de millares de regiomontanos en la Arena Monterrey.
A pesar de una asistencia opacada por el tamaño del recinto, de apenas 3 mil fanáticos, los adiestrados músicos ofrecieron un recital plagado de ritmos, cadencias, nociones y vocalizaciones de alta variedad y calidad mientras al mismo tiempo, enfatizaban en “prender” a la gente con un buen “show”.
Desde la entrada de “Gipsy Train”, seguida por “Gift of Faith” y “Pamela” Toto dejó entrever que a la noche le daría lucidez y claridad en el estricto sentido musical.
Las canciones fluyeron de un ritmo a otro, demostrando la sutileza y el eclecticismo con el que sus músicos se han desempeñado a lo largo de los años.
Steve Lukather en la guitarra principal, Tony Spinner en la batería y el invitado en los teclados Greg Phillinganes se llevaron la noche con los sucesivos espacios concedidos mutuamente entre algunas secciones de la noche.
Lukather, considerado uno de los mejores guitarristas del rock estadounidense, tomó la batuta del grupo, comandando las partes más complejas y estridentes del repertorio, invocando el ánimo de la raza y sosteniéndose como el músico con el volumen más alto en escena.
Esta guitarra, junto a las percusiones y teclados, conformaron un trío que de igual forma pudo navegar entre fusiones de smooth jazz, lidiar con los límites del rock progresivo y regresar a una tocada de rock pesado con sus respectivos solos y jugueteos sónicos.
“Just can’t get to you”, “On the run”, “Miss Sun” y “Rossana” fueron algunas de las piezas, que ya por variadas, melódicas o pegajosas, sostuvieron el ánimo de la gente.
Bobby Kimball en la primera voz participó en menos de la mitad del repertorio, abandonando escena demasiadas veces y limitándose a formar parte de coros, aunque ello no evitara que la gente gozara de sus altas notas.
La Arena quedó estremecida cuando se escucharon las clásicas notas de piano que abren el primero y más reconocido éxito en la trayectoria de este grupo, y que continuó con una invocación de los músicos para dejarse llevar.
Se trató de “Hold the Line”, que por cuatro minutos valió para muchos la espera de más de hora y media de recital.
Una salida en falso y la interpretación estridente de “Africa” al regresar, culminaron la presencia de Toto en la ciudad, que si bien dejaron satisfechos a los ahí presentes, deja en el aire la duda sobre cuántas personas se privaron de un espectáculo con tanta clase y emotividad.