Gabriela Cantú Westendarp
“Al filo de la playa” es el título bajo el cual Gabriela Cantú Westendarp agrupa un poema de largo aliento, su segunda publicación, luego de “El efecto”, en el 2006.Reflexión sobre el deseo, la ausencia, el erotismo, “Al filo de la playa” es el título bajo el cual Gabriela Cantú Westendarp agrupa un poema de largo aliento, su segunda publicación, luego de “El efecto”, en el 2006.
El libro, publicado por Mantis Editores, fue presentado el pasado viernes en la planta baja del antiguo Edificio de Correos, con los comentarios de Víctor Barrera Enderle y Luis Armenta Malpica.
En entrevista, Gabriela habla alrededor de “Al filo de la playa” y sus visiones en torno a la poesía.
¿Crees que con el tiempo los poetas han abandonado la idea de escribir poemas largos, como una unidad? ¿Hay miedo en los lectores o los autores respecto al poema largo?
Quizá no es muy común, todos los escritores creo que quisiéramos escribir una obra que valga la pena.
Todos admiramos esos poemas de largo aliento, como T. S. Elliot con “Tierra baldía”, “Muerte sin fin” de José Gorostiza, o “Altazor” de Huidobro.
Hoy en la mañana me hacían una pregunta contraponiendo un haikú y un poema de largo aliento.
Y es muy difícil, yo no sé si la gente tenga miedo de escribir un poema largo; yo más bien pienso que el poema de largo aliento sale porque tiene que salir.
Responde a una necesidad. En algunos otros géneros literarios quizá haya la posibilidad de planear un poco más lo que vas a escribir.
Si eres ensayista, si eres narrador, tienes más la posibilidad de pensar lo que va a ocurrir.
En poesía es más difícil, aunque a veces sí ves que un libro va encaminado por cierto rumbo, pero creo que es más difícil porque hay ciertos movimientos que ocurren, que tú quieres escribir sobre una cosa y escribes sobre otra.
¿Qué exigencias te planteó escribir este texto?
Este poema nació como un poema de dos cuartillas, y fue creciendo poco a poco, y de repente eran siete, de repente eran doce, y luego fueron quince, y de pronto siguió surgiendo el poema y me di cuenta que tenía que encontrar una estructura.
Entonces dije, esto corresponde a una intención y esto a otra, y poco a poco fue surgiendo.
La parte que más me costó trabajo fue la primera, porque es donde se estaba gestando el libro.
Ya la segunda y la tercera parte me parecieron lógicas.
Encuentro en el poema una fuente carga de erotismo. ¿Cómo abordas el erotismo en este texto?
Todos los escritores tenemos una relación erótica con las letras, con las palabras.
En mi caso creo que tengo una comunicación además con mi cuerpo, y lo escucho y trato de traducirlo de alguna manera.
No es algo impuesto, es algo que surge igual de una necesidad. No creo que haya grandes temas en la literatura.
Hay textos buenos y textos malos, de cualquier tema. Ahí se presenta ese cuerpo dentro del cuerpo de las letras.
En su brevedad, “Al filo de la playa” construye un universo muy particular. ¿Crees que a veces el lector de poesía no busca introducirse en el mundo que le plantea el autor y más bien busca referencias más concretas? Eso depende de qué tan avezado sea el lector, de qué tantas lecturas tenga.
Aún así hay que pensar en la polisemia, hay que pensar en que un texto te puede llevar a varios lugares, no necesariamente una interpretación es la correcta.
Creo que ese misterio es parte de lo que te atrapa del texto. Hace poco leía un ensayo sobre lírica inglesa del siglo XIX, de Cernuda, hablando sobre Samuel Taylor Coleridge, y decía con mucha razón que en la poesía se debe entender lo general; es suficiente con que se entienda lo general porque va a haber algunas partes que no se van a entender, y es ahí donde está ese misterio que nos deslumbra, que nos atrapa o que nos permite seguir ahí, leyendo.
Es válida la lectura que haga el lector, pero va a depender de su universo literario y de su experiencia como lector.
¿Por qué recomendarías la lectura de este poema? ¿Qué ofrece al lector?
Aspiro a que sea leído, que la gente diga algo de él. Me gustaría que alguien lo leyera y me dijera si le gustó, o no le gustó, o qué quise decir con esto u otro; o yo creo que eso es el diálogo que puedas tener con un lector, que es muy valioso
¿Esa retroalimentación es fácil encontrarla en los lectores?
Me queda muy claro que no hay muchos lectores de poesía, de hecho creo que de alguna manera las personas que estamos escribiendo somos leídas por otras personas que están escribiendo, sobre todo poesía.
Quizá a lo mejor en un tiempo, aspiramos todos a que nuestro trabajo trascienda y se quede.
Tiene que ver con que lo que se está produciendo todavía no ha sido ni masticado por la gente, y menos digerido.
El tiempo de digestión en la literatura es muy largo... incluso todavía estamos tratando de entender a Sor Juana, por ejemplo.