Benedicto XVI no podía dejar de hacer referencia a los medios de comunicación social en su reciente encíclica sobre temas sociales.
“Doctrina social y medios de comunicación”
Benedicto XVI no podía dejar de hacer referencia a los medios de comunicación social en su reciente encíclica sobre temas sociales.
Ahora más que nunca los medios plasman y determinan la cultura, el comportamiento y el estructurarse de la sociedad.
Por eso el Papa subraya la “influencia cada vez mayor de los medios de comunicación social” y en consecuencia la necesidad de cuestionarnos si dicha influencia es positiva o no y en qué medida lo es.
A veces suelen presentarse los medios como meros “espejos” de la sociedad, que gozan de una “estudiada neutralidad”.
El Papa no se deja engañar por esa falacia. “Parece realmente absurda la postura de quienes defienden su neutralidad y, consiguientemente, reivindican su autonomía con respecto a la moral de las personas”.
Esa presunta “amoralidad” de los medios los convierte en más insidiosos y sutiles a la hora de sugerir contenidos morales nocivos.
Cualquier sociólogo se da cuenta cabal de que la televisión o Internet no se han limitado a levantar acta de lo que ya estaba en la sociedad, sino que la han modificado profundamente y eso en un sentido determinado, pudiéndose haber elegido otro.
Sin embargo, así se fomenta la ausencia de responsabilidad, como si los medios se dirigieran por sí mismos siguiendo sus propias leyes, y nada tuvieran que ver quienes invierten en ellos, los financian o lucran con ellos.
Que noticia doy y cuál no, con qué enfoque lo hago, el tono que utilizo, etc., configuran decididamente el modo de reflejar la realidad.
El espejo en ocasiones no es tan fiel como debiera. El Papa observa que “muchas veces, tendencias de este tipo, que enfatizan la naturaleza estrictamente técnica de estos medios, favorecen de hecho su subordinación a los intereses económicos, al dominio de los mercados, sin olvidar el deseo de imponer parámetros culturales en función de proyectos de carácter ideológico y político”.
Baste pensar en cómo se presenta a la mujer en los medios, o el manejo que se hace de la sexualidad, del matrimonio y más recientemente de la religión, para darnos cuenta de que no pueden evitar ser tendenciosos.
Sin embargo, más que una crítica, se trata sencillamente de manifestar lo que son: una actividad humana que no es independiente de las ideas, principios y valores del que la realiza.
No podemos escaparnos de la perspectiva ética al actuar, pero cuando se nos pretende decir que no existe ninguna intencionalidad previa, lo único claro es que se busca engañarnos para que no percibamos los intereses o las ideas que se están promoviendo.
Por eso, más que rechazar los medios, lo cual nunca ha sido sugerido por el magisterio, lo importante es orientarlos convenientemente para que estén al servicio del hombre y la sociedad.
Para eso se precisa también una formación adecuada que permita una apreciación crítica de los mismos, y juzgue la validez y utilidad de los valores que promueven.
En este sentido es realmente criminal la apatía al respecto, el simple dejar hacer, porque pueden beneficiar o envenenar a la entera sociedad.
Los legisladores tienen una responsabilidad intransferible de regularlos, para que su contenido no sea nocivo.
En el caso de la pedofilia ya se ha hecho algo, pero es lamentable que la conciencia moral de la sociedad tenga esos umbrales tan reducidos.
“El mero hecho de que los medios de comunicación social multipliquen las posibilidades de interconexión y de circulación de ideas, no favorece la libertad ni globaliza el desarrollo y la democracia para todos.
Para alcanzar estos objetivos se necesita que los medios de comunicación estén centrados en la promoción de la dignidad de las personas y de los pueblos, que estén expresamente animados por la caridad y se pongan al servicio de la verdad, del bien y de la fraternidad natural y sobrenatural”.
De nuevo el Papa nos invita a la ingente tarea de recuperar el control y el sentido humano de esos medios.
La técnica obedece de hecho a ideas y concepciones del hombre y el mundo; es necesario que sean las adecuadas, o por lo menos no sean nocivas.
Es tarea, no solo de católicos, sino de todas las personas de buena voluntad el “recuperar los medios” y ponerlos al servicio del bien integral de la persona y del respeto a su dignidad.
Porque si están exclusivamente al servicio del enriquecimiento de particulares, caerán en la tentación de hacer negocio con los fondos más bajos de las pasiones humanas, empobreciendo en consecuencia a la humanidad.
“No hay desarrollo pleno ni un bien común universal sin el bien espiritual y moral de las personas, consideradas en su totalidad de alma y cuerpo”.
Educan o corrompen, he ahí el atractivo y el reto de los profesionales dedicados a la comunicación.
P. Mario Arroyo Doctor en Filosofía por la Università della Santa Croce masamf@gmail.com