Estimado P. Juan José: Me da muchísimo gusto saber la existencia de esta columna en EL PORVENIR. Tengo algunas inquietudes sobre el tema de Evangelización Católica.
Comprendo que Jesús nos pidió a todos, y no nada más a los Sacerdotes, Religiosas, Religiosos y Misioneros, dar a conocer su palabra y extender el Evangelio a todos los confines de la tierra.
¿Por qué los laicos de la Iglesia Católica estamos fallando en esta solicitud tan fundamental de Jesucristo?... ¿cómo nos puede ayudar la Iglesia a llevar a cabo esta tan importante misión?... ¿cuál es la pauta a seguir?
Ricardo Sepúlveda.
Gracias Ricardo.-
Esta misma pregunta también la han externado algunos otros lectores de esta columna; por lo que es importante y necesario, el que todos los cristianos nos sintamos llamados a ser parte de esta obra.
Hoy, más que nunca, existe una gran necesidad de hacer presente el mensaje de Cristo en medio del mundo.
Si bien es cierto que, durante mucho tiempo, ese trabajo fue distintivo de un solo grupo de personas, aquellos que por su consagración se comprometían a evangelizar de tiempo completo, fue a raíz de los trabajos efectuados en el Concilio Vaticano II, realizado hace más de 40 años, que se empezó a promover el trabajo evangelizador como tarea primordial de todo bautizado.
En el año de 1988, el Papa Juan Pablo II, publicó una exhortación pastoral dedicada al trabajo de los laicos ( cf.
“ Christifideles laici ”. La misión de los fieles laicos en el mundo).
En esta exhortación, se invita puntualmente a no permanecer inactivos ante los retos que nos presenta la sociedad moderna.
“Se extiende en el mundo, dice el Papa, el fantasma de la indiferencia religiosa y del ateísmo en sus más diversas formas, sobre todo aquella más difundida del secularismo.
El ser humano se está dejando envolver por la fascinación de los avances tecnológicos, muchos de ellos, hemos de reconocerlo, muy buenos, y que han ayudado a mejorar la calidad de vida de los humanos, pero desafortunadamente se está arrancando del corazón las raíces religiosas, olvidándose del Dios que nos ha creado, adorando a los más diversos “ídolos” que la sociedad presenta.
Es verdaderamente grave el fenómeno actual del secularismo; y no sólo afecta a los individuos, sino que en cierto modo afecta también a comunidades enteras, como ya observó el Concilio: "Crecientes multitudes se alejan prácticamente de la religión".
Varias veces se ha recordado el fenómeno de la descristianización que aflige a los pueblos de antigua tradición cristiana y que reclama, sin dilación alguna, una nueva evangelización”.
Estas palabras, expresadas por el Siervo de Dios Juan Pablo II, deben hacer eco en nuestro corazón.
El por qué de la falta de compromiso de los laicos en la evangelización, se debe también a que, en muchos lugares, no se ha puesto al alcance de los fieles todo el abanico maravilloso de posibilidades que existen para llevar una formación integral que fortalezca el trabajo evangelizador.
En muchas ocasiones, somos cómplices del ocio y la indiferencia, ya que los mismos fieles buscan que su formación sea “lo más breve posible”, sólo para recibir algún sacramento y cumplir con la norma establecida.
Y cuando se dan indicios de querer enriquecer la formación catequética, los mismos fieles se dan a la tarea de “sacarle la vuelta” y buscar la opción más “light”.
Gracias a Dios, en nuestra Iglesia de Monterrey, se han estado incrementando los procesos de formación, que buscan favorecer el compromiso de todo cristiano.
Cada vez más personas buscan formarse en el conocimiento de la Sagrada Escritura, de la Teología, de la Moral Familiar, etc.
¿Qué debemos hacer? Dejarnos de una vez por todas de “intimar” con el fantasma de la indiferencia religiosa y la carencia de compromiso, y asumir verdaderamente nuestro rol como cristianos en medio de la sociedad.
No se trata sólo de ir casa por casa, hablando de Dios a las personas, acción loable para quien lo realiza verdaderamente de corazón, sino de profundizar en el conocimiento de quién es Cristo para nosotros, como lo menciona el Evangelio, meditado en la Misa del domingo antepasado; y una vez que hayamos conocido al Maestro y hayamos meditado y comprendido sus enseñanzas, las hagamos vida cotidianamente.
Esto, obviamente, implica un grado de compromiso efectivo, que no sea sólo de palabra, “para sentirnos bien”, sino que sea un verdadero acto de determinación en el amor a Aquel que nos ha dado la vida nueva, y que quiere que todos lleguemos a poseerla en plenitud.
Recuerda que puedes enviarme tus dudas o comentarios a: padrejuanjo.elporvenir@gmail.com
Dios te bendiga.