En medio del bullicio cotidiano, cada vez se hace más difícil escuchar a quienes nos rodean. Oímos a muchos, pero escuchamos a pocos, o a casi nadie.
En medio del bullicio cotidiano, cada vez se hace más difícil escuchar a quienes nos rodean.
Oímos a muchos, pero escuchamos a pocos, o a casi nadie, ya que son tantos los ruidos externos e internos que nos aquejan, que poco tiempo nos damos para poner verdaderamente atención a nuestro semejante.
Una de las lectoras de esta columna, me comenta lo difícil que ha sido para ella establecer un verdadero diálogo con sus hijos, dice:
¿Cómo puedo tener una mejor relación con mis hijos, ya que ellos se pasan mucho tiempo frente a la computadora, “chateando” con sus amigos y cuando son los momentos de “convivencia familiar” buscan cualquier excusa para irse lo más pronto posible y volverse a encerrar en sus cuartos.
Ellos dicen que nosotros no los comprendemos, que siempre los estamos regañando y nunca les hacemos caso?
Blanca L. Rodríguez
San Nicolás de los Garza, N.L.
Estimada Blanca.-
Cada vez, tristemente, es más común el que tengamos menos tiempo de diálogo entre los miembros de nuestra familia y sí muchas actividades que realizar, pero ya no en común, sino cada quien por su lado.
Si bien es cierto que las modernas tecnologías de comunicación son un valioso instrumento para estar relacionados con el resto del mundo, también se pueden llegar a convertirse en verdaderos enemigos del diálogo familiar, sino aprendemos a poner límites en su uso.
Hoy en día, muchos jóvenes buscan evadir sus responsabilidades o compromisos familiares, con la excusa de que tienen muchas cosas que hacer, por ejemplo checar sus correos, estar al pendiente del facebook, o algún otro sitio social, para ver qué fiesta sigue, etc. Creo que es conveniente que se busque un espacio de diálogo entre padres e hijos, para establecer algunas normas muy sencillas en cuanto a los momentos en los que se debe convivir al cien por ciento, compartiendo cada quien sus inquietudes, dando paso al reconocimiento de la necesidad de todo ser humano de compartir en familia.
Es urgente el que nos sentemos a escucharnos unos a otros, que los papás se tomen no sólo un tiempo de calidad, como se dice ahora, sino de cantidad.
Sí, necesitamos más horas de convivencia y diálogo para escuchar el sentir de los hijos, y al hacer esto, por añadidura los mismos hijos buscarán hacer lo mismo, ya que el ejemplo dado por los padres, será más enriquecedor.
Considero, Señora Rodríguez, que su situación es similar a la de muchos padres de familia, desafortunadamente, aunque sabemos cuál es el remedio a esta “enfermedad”, nos da miedo enfrentarlo.
Hay muchas formas de demostrar lo importante que son los hijos para los papás, y lo comparto porque yo mismo tengo la bendición de contar con mis padres, que me han ayudado a comprender muchísimo lo significativo que será siempre el diálogo familiar.
A lo largo de casi 14 años como Sacerdote, he podido darme cuenta de que el reclamo por parte de los jóvenes y de los padres de familia va en la misma línea: quieren ser escuchados.
Dispongámonos a entrar en verdaderos diálogos familiares. No iniciemos nuestras conversaciones en negativo, exaltando los errores, demos paso a las virtudes que se pueden rescatar y que cada uno de los miembros de la familia puede poner a disposición de los demás.
En necesario que reconozcamos esta necesidad y que de una vez por todas venzamos el temor absurdo a no poder estar un rato platicando sin que salgamos discutiendo.
Los grandes edificios no se construyen en un día, así también el diálogo, nos va a costar un poco de trabajo, pero una vez que se han puesto los cimientos, tengamos la seguridad de que el resto de la construcción será llevadero, inclusive, nos hará querer seguir construyendo más espacios de diálogo, en los que seremos escuchados y escucharemos a los demás.
Les invito a que leamos el texto del libro de Samuel, capítulo 3, versículos del 1 al 21, ahí encontraremos un claro ejemplo de lo importante que es aprender a escuchar.
Cualquier duda o comentario, con gusto pueden enviarlo a padrejuanjo.elporvenir@gmail.com y de manera personal lo responderé.
Dios les bendice.
P. Juan José Martínez Segovia.