Concluimos con esta serie de artículos que se derivaron de una pregunta realizada hace un mes por uno de los lectores.
Concluimos con esta serie de artículos que se derivaron de una pregunta realizada hace un mes por uno de los lectores.
Agradezco a todos los que amablemente han expresado sus puntos de vista a este respecto.
¿Pero no es mejor pedir a Cristo directamente?
Ciertamente la fe de todo cristiano debe ser Cristo-céntrica, los Santos definitivamente deben tener un papel secundario en nuestras peticiones ya que son intercesores, pero así como por orar a Cristo, no dejamos de orar al Padre, al hacer peticiones a los Santos para que intercedan por nosotros no implica que dejemos de orar a Dios.
El problema es que muchas personas ven al católico como una persona que sólo ora a los Santos y descuida lo principal que es la oración a Dios.
Si bien es cierto que algún católico mal adoctrinado pudiese caer en alguno de estos excesos, esto no es lo que la Iglesia enseña.
Por otro lado, la afirmación de que sólo debemos pedir a Cristo directamente desconoce completamente el hecho de que Dios mismo quiere que nosotros oremos unos por otros: “Siempre en oración y súplica, orando en toda ocasión en el Espíritu, velando juntos con perseverancia e intercediendo por todos los santos ” (Efesios 6,18).
“Pero os suplico, hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu Santo, que luchéis juntamente conmigo en vuestras oraciones rogando a Dios por mí ” (Romanos 15,30).
“ Orad al mismo tiempo también por nosotros para que Dios nos abra una puerta a la Palabra, y podamos anunciar el Misterio de Cristo, por cuya causa estoy yo encarcelado” (Colosenses 4,3).
“Con este objeto rogamos en todo tiempo por vosotros : que nuestro Dios os haga dignos de la vocación y lleve a término con su poder todo vuestro deseo de hacer el bien y la actividad de la fe” (2 Tesalonicenses 1,11).
Es precisamente lo que dice el pasaje de 1 Timoteo 2: "es bueno y agradable a Dios nuestro salvador".
En todos los pasajes anteriores en los que Pablo pide que oren por Él, a nadie se le ocurre decirle que mejor pida a Dios directamente.
Que conlleva la afirmación de que los católicos son idólatras
La idolatría es un pecado grave. Acusar a otros creyentes de idolatría, basado únicamente en la percepción exterior personal es bastante delicado ya que implica un pecado de calumnia.
Nadie es quien para acusar a otro de idólatra, sobre todo si estos profesan ólo adorar a Dios.
Yo por mi parte he podido aprender que muchas veces nos equivocamos juzgando. Nosotros vemos las apariencias pero Dios ve el corazón.
¿Podemos asegurar que cuando vemos a un católico de rodillas ante una imagen la está adorando?
“Por eso, no tienes excusa quienquiera que seas, tú que juzgas, pues juzgando a otros, a ti mismo te condenas, ya que obras esas mismas cosas tú que juzgas, y sabemos que el juicio de Dios es según verdad contra los que obran semejantes cosas.
Y ¿te figuras, tú que juzgas a los que cometen tales cosas y las cometes tú mismo, que escaparás al juicio de Dios? O ¿desprecias, tal vez, sus riquezas de bondad, de paciencia y de longanimidad, sin reconocer que esa bondad de Dios te impulsa a la conversión? Por la dureza y la impenitencia de tu corazón vas atesorando contra ti cólera para el día de la cólera y de la revelación del justo juicio de Dios, el cual = dará a cada cual según sus obras =” (Romanos 2,1-6).
Es importante reconocer y agradecer el trabajo de investigación de José Miguel Arráiz , colaborador de infocatólica.
com, sitio en donde he obtenido la información publicada en estos artículos.
Si bien es cierto que mucho de lo aquí escrito no ha sido del agrado de algunos, también es importante recordar que, como Sacerdote católico, debo orientar a los feligreses en la verdad de nuestra Iglesia, buscando orientar de la mejor manera a quienes tienen dudas e inquietudes, pero debemos reconocer que nunca será una buena actitud cristiana cuando agredimos o descalificamos a los demás, simplemente porque no piensan como nosotros decimos que debe ser.
Cristo nos invita a vivir la unidad en la diversidad. Él mismo pide al Padre celestial que “todos seamos uno”, y aunque todavía nos falta mucho camino por recorrer, considero necesario que aprendamos a dar los primeros pasos en la práctica de la caridad, sólo así podremos vernos pronto unidos como una sola familia, la Familia de Dios.