Audaz, mordaz y lúdico, pero también sentimental a la hora de procesar ideas y transformarlas en canciones.El Porvenir / Especial.- Audaz, mordaz y lúdico, pero también sentimental a la hora de procesar ideas y transformarlas en canciones, poemas y hasta obras de teatro (en este caso junto a José Joaquín Blanco), Jaime López es un hombre de extremos, que lo mismo ha recibido los mimos que la indiferencia de una transnacional, que tocó en el Festival OTI y también en el Vive Latino, que sostiene relación con el rock y el blues, pero también, ¿por qué no?, le da buenos besos a la música norteña y hasta al rap.
Por lo tanto, López vive siempre en la frontera, aunque haya emigrado de Matamoros, Tamaulipas, al DF, hace 36 años.
Desde entonces, ha generado un cancionero que, aunque no se ha librado de críticas, lo sitúa como uno de los autores con más ingenio para explorar el lenguaje.
Sin embargo, ahora que están por cumplirse 26 años de su debut discográfico (Sesiones con Emilia) y 25 de su primer sencillo solista (“El general constante”), Jaime sólo dice: “Yo no puedo hablar de mis virtudes, sólo sé que a los 52 años, cuando el cuerpo mengua, albures aparte, sólo queda la lengua... yo gozo usando la lengua, el español”.
Tu carrera ha sido de extremos, te has acercado y alejado de la industria y los grandes medios más de una vez.
“Es que éste es el país de los contrastes, y a lo mejor en mí es más notorio, pero me acuerdo que una vez Raúl Velasco me preguntaba qué sentía de estar en el ambiente profesional, y yo le dije que la línea es muy delgada entre el llano y el estadio Azteca.
A final de cuentas, la actitud del artista es la que define al profesional: cuántos artistas amateurs, con el perdón de los amateurs, no te encuentras en el mundo dizque profesional”.
“Lamentablemente, en el mundo de la música en México te la tienes que pasar audicionando casi toda la vida, y cuando te sabes todas las respuestas, te cambian las preguntas o te cambian al director de la disquera, como me pasó en Ariola.
Eso fue lo que me volvió a lanzar a las flamígeras profundidades, pero luego de haber dado el rol sabes qué hacer ahí”.
“Si nomás estás en un ambiente, tiendes a la endogamia o a las atrofias genéticas, y por ende culturales y musicales.
Muchas veces no entrarle al toro te hace honesto y hasta laureado, pero yo no creo en los honestos y mucho menos en los que no arriesgan”.
¿Coincides en que eres respetado entre tus colegas? “Qué bien, ¿no? ¡Después de tanto vapuleo! (risas) Recientemente sí lo percibo, pero cuando uno empieza en terrenos no muy fértiles, a veces hay resquemor y desconfianza, para colmo ver-dulerismo, pero al paso del tiempo sí he encontrado el lado amable.
Creo que el desierto es fértil en alucinaciones y que dos o tres colegas, habiéndonos dado de revolcones y trancazos, dicen: ‘Lo que cuenta es la canción’.
Una canción no sólo genera empleos sino emociones y a veces genera otra canción, como lo que pasó con Café Tacvba y ‘Chilanga banda’”.
Hiciste una versión de un tema de tu paisano Rigo Tovar en un disco tributo, ¿verdad? “Sí, es un disco con canciones de Rigorinski Tovarovski... en Matamoros también se hizo música clásica (risas).
Hice ‘El testamento’, que hasta parece manifiesto socialista por todas las viudas que Rigo dejó.
Pensaba dejarla tal cual, pero metí un rap al final, porque lo solicitaba el arreglo”.
¿Cuándo sacas un disco nuevo? “Tengo dos que ya van a salir: uno es Grande sexy tos, con arreglos diferentes a canciones mías ya conocidas y que será lo que tocaré como Hotel Garage en el Teatro de la Ciudad (30 de marzo).
Siempre he sido solista involuntario, pero ahora armé este grupo con José Luis Domínguez, Roberto Villamil e Iván García.
Antes estaremos en La Planta de Luz (25 de febrero). También sacaré Arando al aire, un disco con canciones nuevas”.