Noticias de Monterrey, Nuevo Leon, Mexico, Periodico El Porvenir    Noticias de Monterrey, Nuevo Leon, Mexico, Periodico El Porvenir
Domingo, 19 de Mayo de 2013
 
 
 
Opinión
Mayor Tamaño de Letra
Menor Tamaño de Letra
 
href=http://payda
El espacio ciego de la política
Sábado, 24 de Diciembre de 2011

En los deportes de conjunto y de acometidas móviles existen zonas donde los jugadores no pueden advertir el peligro y, por lo tanto, no pueden protegerse. Esto es muy grave, sobre todo para los contendientes clave.

En esos juegos esto se ha venido a descubrir muy recientemente. Es el caso del futbol americano, donde hace algunos años empezó a suponerse que el quarterback perdía de vista los ataques que le surtieran por el lado contrario a su brazo diestro. Muy afamados técnicos debatieron largamente esta hipótesis. Uno de los que más la negaba sufrió su comprobación casi en carne propia, cuando su mariscal de campo fue lesionado por una acometida desde su “lado ciego”, la cual le costó la carrera profesional.

Hoy en día, ya nadie discute la conveniencia de proteger esa zona de alto peligro. Se han filmado hasta películas sobre el asunto, como la estelarizada por Sandra Bullock y, según me dicen los conocedores, hoy existen algunos jugadores de guardia que han llegado a cobrar más que los propios quarterbacks a los que protegen.

De esa misma manera funcionan los equipos políticos. Los más altos gobernantes suelen tener “lados ciegos”, donde requieren ser cuidados y protegidos. Esas zonas críticas se producen por diversos factores. En algunas ocasiones porque el jefe político no necesariamente es un “todólogo” y tiene que ser apoyado por expertos en lo que él no lo es. En otros casos, porque las circunstancias coyunturales lo obligan a aplicarse a espacios prioritarios, dejándose cuidar en otros que él no atenderá.

Podría traer algunos ejemplos del pasado. Ernesto Zedillo, tanto por los “errores de diciembre” como por su personal vocación, decidió aplicarse a ser el conductor directo de su programa económico. Ello convertía a la política interior en uno de sus lados ciegos. Por ello se asiló en las manos de Liébano Sáenz para todo el quehacer político. Liébano, con su proverbial discreción, nunca me lo ha querido reconocer. Pero no requiero de su consenso para saber que, después del breve paso de Esteban Moctezuma por Bucareli, él fue quien sugirió a alguien con el perfil de Emilio Chuayffet y, cuando éste se desgastó, mucho tuvo que opinar en la designación de Francisco Labastida.

Pues bien, Liébano Sáenz se convirtió en el verdadero tackle de protección de su jefe, Ernesto Zedillo. Tampoco me daría la razón en público, pero yo estoy seguro de que los fracasos político- electorales de Zedillo, si es que fueron fracasos, se debieron a cuatro factores fundamentales. Ellos fueron el propio “error de diciembre”, el escándalo del caso Raúl Salinas, la “roqueseñal” del IVA y el asunto Fobaproa.

Frente a ello, ni Liébano ni Labastida ni el PRI ni nadie pudieron hacer nada para remontar un obstáculo muy bien aprovechado por Vicente Fox y, según dicen algunos, muy pérfidamente “alcahueteado” por Ernesto Zedillo. Otro ejemplo que lleva a la admiración por su alteza fue el de Adolfo López Mateos.Un Presidente que no le tuvo temor a la estatura de sus colaboradores y que estaba convencido de que el tamaño de ellos repercutía, para su bien, en su propia dimensión. Así reclutó a Gustavo Díaz Ordaz, Antonio Ortiz Mena, Manuel Tello, Raúl Salinas Lozano, Julián Rodríguez Adame, Jaime Torres Bodet, Salomón González Blanco, Javier Barros Sierra, Walter Buchannan, Donato Miranda Fonseca, Benito Coquet, Fernando López Arias, Justo Sierra, Humberto RomeroPérez, Alfredo del Mazo Vélez y Ernesto P. Uruchurtu. En su línea de consejeros destacaban Manuel Moreno Sánchez, Rómulo Sánchez Mireles, Alfonso Corona del Rosal, Alfonso Martínez Domínguez, Juan José Torres Landa, Agustín Arriaga Rivera, Leopoldo Sánchez Celis, Carlos Alberto Madrazo y David Romero Castañeda.

Eso es parte de la gran virtud de no asustarse de la grandeza del propio equipo. Ése es, también, el acierto de saber cubrir, para el propio bien y para el mayor éxito, el lado ciego del juego.

 
Columas Anteriores
Los tres reinos de la política
(16/06/2012)
Mucho cuidado con los deseos
(09/06/2012)
Las novelas de política y la política de novela
(02/06/2012)
Lo medio, lo mediano y lo mediocre
(26/05/2012)
Ideales y arquetipos en la realpolitik
(19/05/2012)
La elección entre comunidad o cambio
(28/04/2012)
Ver Comentarios (0)
Escribir Comentario
Mayor Tamaño de Letra
Menor Tamaño de Letra
 
 
   
 
Otras Opiniones
Eduardo Sánchez Hernández:
'Sabiduría, divino tesoro'
En Voz Baja:
'En Voz Baja'
Silvino Jaramillo:
'EPIGRAMA'
Francisco Martín Moreno:
'El clero: insaciable y oportunista'
Escriba una palabra clave para iniciar la busqueda de notas
 
  rss