Pobladores, religiosos y amantes de la aventura, así fueron los primeros colonizadores de las tierras de la Nueva España. Espíritus de reciedumbre a toda prueba y de gran sensibilidad y talento que en no pocas ocasiones combinaron las armas y las letras. Con ello, trazaron la historia de nuestros orígenes, de los primeros balbuceos de la vida colonial y, en no pocos casos, también hicieron literatura e historia, por el colorido de sus descripciones y de sus relatos, que nos hacen ser testigos emocionados de nuestro pasado.
Así quedó de manifiesto durante la reunión de Amigos de las Islas Canarias, que se celebró en la ciudad de San Antonio, Texas, del 2 al 6 de marzo y en la cual participó una numerosa delegación encabezada por Juan Fernando López Aguilar, Ministro de Justicia del Gobierno Español, así como Rectores y Alcaldes de Universidades y ciudades españolas, al Dr. Ricardo Romo, Rector de la Universidad de Texas y al Arzobispo de San Antonio, Mons. José H. Gómez, quien es originario de Monterrey.
Vaya nuestra felicitación para Alfonso Chiscano y Félix D. Almaraz Jr., organizadores del evento.
En dicha reunión, realizada en la Universidad de Texas en San Antonio, presentamos un trabajo sobre la presencia en nuestra región de personajes que llegaron provenientes de las Islas Canarias y realizaron una importante labor en Nuevo León. Así encontramos a Francisco Báez de Benavides y al Capitán Bernabé de las Casas.
Don Francisco Báez de Benavides, quien naciera hacia 1594 en Tenerife, llegó a la Nueva España en 1612 y en 1616, en el actual municipio de Mina, Nuevo León, descubrió las minas de San Nicolás de Tolentino. En 1694 fue alguacil mayor del ayuntamiento de Monterrey y años después regidor y procurador.
Su hijo del mismo nombre, nació en 1647. Y siguió también la carrera de las armas. En 1665 era ya sargento. Intervino en diversas campañas de pacificación, acompañando al general Alonso de León en las jornadas de descubrimiento de la bahía del Espíritu Santo, en Texas. Fue ascendido a Capitán y murió el año de 1705.
Por lo que corresponde al Capitán Bernabé de las Casas, este destacado poblador nació en 1573, en la isla de Tenerife. En 1604, llegó al Nuevo Reino de León. Allí se avecindó. El 25 de octubre de ese año hay un registro de su vecindad y primeras mercedes de tierra. Bernabé de las Casas vivió también en Saltillo, donde, en 1616 fue alcalde ordinario.
El capitán Bernabé de las Casas contrajo nupcias en 1602 con Beatriz, la hija mayor de don Juan Navarro, quien estaba viuda de otro inmigrante llamado Alonso Sosa de Albornoz. Casas era oriundo de Tenerife. Llegó con la expedición comandada por don Juan de Oñate a Nuevo México.
Aunque Bernabé de las Casas dominó por algún tiempo la economía en Saltillo, posteriormente se dirigió hacia el Nuevo Reino de León, donde llegó a convertirse en uno de los hombres más ricos e influyentes del noreste novohispano. En 1626 fungió como alcalde ordinario de Monterrey y entre 1627-1630 desempeñó la alcaldía mayor de aquel sitio. Descubrió y pobló las minas de San Nicolás de Tolentino en el entonces valle de las Salinas, hoy municipio de Hidalgo.
Bernabé de las Casas creó un gran latifundio. Al casarse su hija María en 1626, le cedió la hacienda de San Francisco de las Cañas (que actualmente es el municipio de Mina). A doña Beatriz de las Casas, le correspondieron las de las Magdalena y nuestra Señora de Eguía y, las de Chipinque (actual villa del Carmen), a doña Juliana de las Casas.
El Capitán Bernabé de las Casas falleció el año de 1632. Actualmente existe en el municipio de Mina, un interesante Museo que lleva su nombre.
En nuestra región, abundan los ejemplos de personajes que, procedentes de otros lares, incluso del extranjero, como Bernabé de las Casas y Báez de Benavides. A todos ellos, a quienes vienen con el deseo de sumar su esfuerzo productivo y sus ansias de superación a los trabajos de sus ciudadanos, Nuevo León los ha recibido siempre con los brazos abiertos y los ha integrado a su esforzada comunidad.