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Jorge Pedraza Salinas
El Titanic, la soberbia y los grandes errores
Miércoles, 18 de Abril de 2012

Por: Jorge Pedraza Salinas

La Compañía Editorial Edivisión se ha dado a la tarea de reunir en una interesante colección bibliográfica, relatos en torno a los acontecimientos y personajes más grandes --y esto tanto en el aspecto positivo, como en el negativo-- en la historia de la humanidad.

Algunos títulos que de por sí mismos llaman la atención del lector, y que forman parte del acervo de la Capilla Alfonsina de la UANL, son: Los psíquicos y místicos más famosos de la historia; Todos son casos de... Coincidencias increíbles; Grandes enigmas; Los más grandes ladrones y estafadores del mundo y otros malhechores; Grandes errores; Profecías insólitas; Los fenómenos humanos más fantásticos del mundo; Grandes crímenes sin resolver; Los amantes más grandes del mundo; Los espías y maestros del espionaje más grandes del mundo; Los grandes escándalos mundiales del siglo XX; Los peores desastres del mundo en el Siglo XX.

En la introducción a “Grandes errores”, su autor, Nigel Blundell, explica que los grandes aciertos, los grandes inventos, los grandes descubrimientos han quedado consignados en las páginas de la historia por su incontrovertible trascendencia y por su impacto en la sociedad.

En este libro hay estafas, (como la del gracioso que burló a la armada británica) e ingenuidades (como la que permitió a un estafador vender la Casa Blanca y la Estatua de la Libertad)".

Otros relatos nos hablan, por ejemplo, del panadero que dejó un horno encendido e inició la gran conflagración de Londres en 1666. También narra la tragedia en que murieron 170 personas, porque el conductor de un camión cisterna que transportaba gas líquido a presión, quiso ahorrar en el pago de una carretera de cuota.

Consigna el autor, igualmente, el caso del mayor yacimiento de oro del mundo, vendido en diez libras esterlinas; el accidente de aviación más trágico del mundo, en que perdieron la vida 582 personas, al estrellarse dos jumbo jets, en Tenerife, Islas Canarias, y la pifia del gigante aéreo que costó 12 millones de libras esterlinas y que terminó en un depósito de chatarra.

LA TRAGEDIA DEL TITANIC

Pero una de las narraciones más impactantes, y que actualmente está en la mente de todos, con motivo del centenario, es la del "insumergible" Titanic, gigantesco trasatlántico de 280 metros de largo, que desplazaba 46 mil 328 toneladas de peso y que había zarpado de Southampton, con destino a Nueva York.

La tragedia, que costó la vida a mil 513 pasajeros y tripulantes del coloso, se empezó a gestar desde mucho antes de aquella fatídica fecha: 14 de abril de 1912, a las 23:40 horas.

Fue a esa hora cuando el navío de doble fondo, considerado el barco más seguro del mundo, chocó de costado contra la gigantesca mole de un iceberg, que le produjo una abertura de cien metros. Por ella, el helado Atlántico norte empezó a entrar a borbotones en las entrañas del buque. A las 2:20 de la mañana del día 15 --apenas dos horas con 40 minutos después-- el gigante de los mares empezó a hundirse lentamente. En ese momento, los integrantes de la banda de música, que después del impacto habían empezado a interpretar una melodía de ragtime, habían cambiado a los acordes de un himno religioso.

Ahora, vista a una distancia de 100 años, se sabe que la tragedia pudo haberse evitado. El problema es que se presentó una combinación previa de errores humanos. Por principio de cuentas, la soberbia de sus constructores y propietarios condujo a que, en ese su viaje inaugural, el Titanic, diseñado para transportar 48 botes salvavidas, llevara solamente 16, con capacidad para 1,250 personas. El número total de pasajeros era de dos mil 300.

Adicionalmente, al momento de la colisión, el barco navegaba a gran velocidad, --22 nudos por hora--, a pesar de que se había informado de la presencia de masas de icebergs en la zona, y la radio del Titanic no estaba en contacto con otras embarcaciones.

El saldo final fue de mil 513 personas muertas. Entre ellas figuraban el capitán Ernest Smith, comandante del barco y comodoro de la flota de la empresa White Star, propietaria de la nave; Thomas Andrews, diseñador del trasatlántico; el millonario norteamericano Benjamín Guggenheim quien, vestido con ropa de abrigo al momento de la colisión, regresó a su camarote para vestirse de etiqueta y hundirse como un "gentleman"; el también millonario Isadore Strauss; el coronel John Jacob Astor, que volvía con su esposa de la luna de miel, y el famoso periodista William Stead.

Este, espiritista convencido, que veinte años antes, en 1892, había escrito un relato sobre el hundimiento de un enorme navío en los helados mares del norte, con pérdida de cientos de vidas humanas, hubiera salvado la existencia con sólo haber hecho caso a la premonición que su narración constituía.

Blundell, que proporciona una serie de datos importantes no captados en la película, termina su relato haciendo alusión a otra coincidencia extraordinaria. Dice: "Fue un desastre que, extrañamente, había sido previsto no sólo en el cuento breve de William Stead, sino también, y con extraordinaria exactitud en los detalles, en una novela publicada 14 años antes.

"El libro, escrito por Morgan Robertson, narraba la historia del más grande y lujoso de los trasatlánticos jamás construidos... describía cómo había zarpado de Southampton hacia Nueva York en su viaje inaugural... contaba cómo embistió a un iceberg en el Atlántico Norte... cómo su casco se abrió violentamente bajo la línea de flotación... y cómo se hundió con una horrorosa pérdida de vidas humanas, debido a que no llevaba suficientes salvavidas.

"El nombre del barco de esa novela era Titán".

Así como éste, el libro de Blundell lleva de la mano al lector por una serie de interesantes relatos sobre acontecimientos que ponen de relieve la enorme falibilidad de la condición humana. Su lectura vale la pena.

 
Perfil
Abogado. Maestro. historiador. Periodista. Promotor Cultural. Escritor. Premio Nacional "Alfonso Reyes". Premio Literario Nezahualcóyotl. Medalla al Mérito Civico Presea Estado de Nuevo León. Medalla "Diego de Montemayor". Autor de más de una veintena de libros.
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