El pacto político electoral quedó roto, por lo que en lo que resta de la actual administración el magisterio se dedicará a administrar el conflicto.MÉXICO, D.F.-La relación entre el gobierno del presidente Felipe Calderón y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), que preside Elba Esther Gordillo “está agotada”, luego de que el pacto político electoral quedó roto, por lo que en lo que resta de la actual administración el magisterio se dedicará a administrar el conflicto, mientras en la educación que viven por momentos una “especie de parálisis” se advierten los costos “onerosos, ilegítimos e ineficientes” de una Alianza por la Calidad de la Educación que no funcionó.
Investigadores de las universidades Nacional Autónoma de México, la Iberoamericana, la Autónoma Metropolitana, el Colegio de México y la Fundación SNTE, expertos en la investigación en la relación del sindicato magisterial y el gobierno federal a través de la Secretaría de Educación Pública, advierten que el escenario de tensión y confrontación al que han llegado ambas partes en la negociación salarial de este año y por la aplicación de la Evaluación Universal se debe a que, de inicio se estableció un acuerdo en materia educativa que “no tenía diagnóstico ni claridad”, porque al sindicato le fueron cedidas acciones, por cuestiones políticas, que le correspondían al Estado.
Roberto Rodríguez Gómez, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) afirma que la alianza entre ambas partes “está agotada”.
Al cederle posiciones al sindicato en la SEP, como resultado del acuerdo electoral para que el partido de la dirigente Elba Esther Gordillo lo apoyara en campaña, el gobierno del presidente Felipe Calderón otorgó no sólo espacios administrativos a la dirigente sino la rectoría de la educación.
“Los resultados los estamos viendo en el desacuerdo por la Evaluación Universal. Pero lo que veremos en los meses siguientes, como ocurrió en el pasado, es que el SNTE se va acercar al gobierno en turno, porque siempre se ubica del lado del ganador, y observaremos cómo la dirigencia se sigue grillando a la SEP”.
Aunque especifica que en la parte técnica de la evaluación, el sindicato tiene razón al señalar dudas sobre ello.
“Es cierto, la evaluación no sólo es la prueba sino que es un entramado complejo donde el examen es sólo un elemento.
Y que además, se aplicará sin que se hayan definido los estándares del docente en México —que indiquen cuáles son los criterios para definir a los buenos maestros— y tampoco sin que la aprueba se haya calibrado”.
Aunque la expectativa generada en torno a la Evaluación Universal es “errónea” porque pareciera que “evaluando a los maestros se va a resolver el problema de calidad”, precisa.
Aurora Loyo, del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM afirma que la dirigencia sindical está “acostumbrada a navegar en la tempestad y encuentra buena oportunidad de negociar y/o chantajear a las autoridades”, a pesar de que en este momento la Evaluación también tiene costos para los líderes del SNTE, “porque palpan cómo crece la inconformidad de sus bases”.
Para Pedro Flores, de la Universidad Iberoamericana, la Evaluación Universal fue el momento propicio que la dirigencia del magisterio encontró para “recular, si cumplía o no sus compromisos”, pactados al inicio de la administración con la entonces secretaría de Educación Pública, Josefina Vázquez Mota y hoy aspirante a la presidencial por el PAN.
“Pero ahora sabemos que suscribió una Alianza por la Calidad con un mal diagnóstico, hizo un mal plan educativo y se dejó mangonear por el Presidente de la República y la líder magisterial”.
El acuerdo educativo entre el Presidente y la maestra “resultó ser oneroso, ilegítimo e ineficiente”, por lo costoso que resultó y no hay resultados, por una parte; por otra se insiste en convertir a la Alianza en ley, cuando hemos visto los resultados en la calidad del sistema, explica el también miembro del Observatorio Ciudadano de la Educación.
Carlos Ornelas, de la Universidad Autónoma Metropolitana, asegura que al prolongar o “estirar la negociación salarial, en un contexto electoral, sigue debilitando al gobierno.
Además no creo que el examen se haga tal cual se pactó en mayo del año pasado. Pero ahí vemos que fue un error que se programara siete días previos antes de la elección presidencial”.
- Historia de conflictos Emilio Blanco Bosco, especialista en política educativa del Colegio de México, refiere que en la historia del SNTE hay muestras de que el pacto político con el presidente Calderón no es la primera alianza con un gobierno.
El sindicato tiene, en su historia, “grandes momentos de conflicto serio con el poder político y eso habla del poder del sindicato, su gran capacidad de movilización”.
“En esta ocasión la Alianza le reportó a la maestra Elba Esther Gordillo grandes beneficios y el gobierno cedió al sindicato el control de la educación.
Eso es un reconocimiento abierto no sólo de que la SEP no puede hacer reforma sin el sindicato sino que prácticamente dice que no puede gobernar la educación porque es el sindicato quien lo hace”.
Blanco advierte que en los próximos meses es posible que el gobierno federal “busque mantener la estabilidad del sistema y que no haya grandes cambios.
Que el gobierno no se quiera comprar broncas con el sindicato en el final del sexenio porque tiene otros frentes abiertos”.
Emilio Zebadúa González, presidente de la Fundación para la Cultura del Maestro del SNTE, describe que en general la relación del gobierno con “la comunidad educativa no ha sido lineal, no ha sido continua”.
Describe que ha tenido “una serie de altibajos y cambios de temperatura, en donde ha habido momentos mucha cercanía, de buena coordinación que se tradujo en el avance en términos de diseño e implementación de políticas públicas que el país requiere; pero también ha habido, por otro lado, momentos de frialdad, de alejamiento y silencio, en donde ha prevalecido una especie de parálisis en términos de conducción”.
Atribuye que este letargo o incumplimientos en tiempo y forma en los propósitos pactados con el sindicato en la Alianza por la Calidad de la Educación o de lo que se fijó como metas en el plan sectorial de educación a los cuatro relevos en la titularidad de la SEP.
Dos de ellos, el de Vázquez Mota y el de Alonso Lujambio que “dedicaron el mayor tiempo posible, que pudieron destinarle, a sus aspiraciones presidenciales políticas”.