La humildad es una virtud que consiste en el conocimiento de nuestras limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo a este conocimiento. La humildad es la conciencia que tenemos acerca de lo que somos, de nuestras fortalezas y debilidades como seres humanos, y que nos impide por lo tanto creernos superiores a los demás.
Los que son humildes no se sobreestiman ni maltratan a los menos favorecidos que ellos desde el punto de vista social, económico o de educación.
Saben más que nadie que esto se debe a las desigualdades de nuestras sociedades y que la suerte de haber nacido en un hogar con más oportunidades que otros no les da derecho a creerse superiores ni mejores que aquellos que no tuvieron tal fortuna.
La humildad es igualmente indispensable para aprender cosas nuevas y superarnos permanentemente en todos los aspectos, Esta conciencia de nuestras limitaciones nos aleja de la soberbia y la vanidad de quienes viven como si fueran dueños del mundo, lo supieran todo y nunca fueran a morir.
Para ser humildes: No permitamos que “se nos suban los humos” cuando obtengamos algún triunfo, premio o distinción en nuestro estudio o nuestro trabajo.
Las personas humildes son consideradas, humanas, respetuosas, serviciales, compasivas y solidarias.
Como dijo Ernesto Sábato: “Para ser humilde se necesita grandeza”.