Cuando Leopoldo Zea nació, hace 100 años, la Revolución Mexicana se encontraba en una de sus más violentas etapas, y el mundo entero se debatía en una serie de enfrentamientos, incomprensiones y desavenencias que habrían de desembocar en una de las grandes conflagraciones de nuestro siglo: la Primera Guerra Mundial.
En 1910, don Francisco I. Madero distribuyó el llamado Plan de San Luis, y el 20 de noviembre de ese año se iniciaba la lucha que puso fin a la dictadura de Porfirio Díaz, y que habría de sentar las bases para el México de hoy, después de la pérdida de un millón de vidas humanas. Por esos años, nuestro país contaba con 13 millones de habitantes y hoy hay 112 millones 336 mil 538 habitantes en México.
Leopoldo Zea nació el 30 de junio de 1912 en un barrio de la ciudad de México, y desde pequeño se fue a vivir con su abuela Micaela quien, a pesar de la estrechez económica en que se encontraba, obtuvo para Leopoldo una beca que le permitió estudiar la primaria con los hermanos de San Juan Bautista de Lasalle.
En 1936 se inscribió en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de México, a cuyas clases asistía por las mañanas. Por las tardes, acudía a la Facultad de Filosofía y Letras. Esto le permitió entrar en contacto con algunos hombres de letras, ya sea en lo personal o a través de sus obras, tales como Rubén Salazar Mallén, Pío Baroja, Valle Inclán, José Ortega y Gasset, Samuel Ramos, etcétera...
El mismo año en que Zea inició sus estudios profesionales, estalló la Guerra Civil Española, como resultado de la cual llegarían a México numerosos intelectuales hispanos, a partir de 1938. El Presidente Lázaro Cárdenas los recibió en lo que se llamó Casa de España en México, que más tarde se convertiría en El Colegio de México, a propuesta de José Gaos.
Éste tuvo como alumno a Lepoldo Zea en su curso de Introducción a la Filosofía. Gaos quedó impresionado por la profundidad de los conocimientos del joven Zea, quien por esa época descansaba un día de cada tres.
A los pocos días, Alfonso Reyes y Daniel Cosío Villegas, presidente y secretario respectivamente de La Casa de España en México, le dieron a conocer que, por recomendación del maestro José Gaos, había sido seleccionado para una beca en calidad de prueba, pero que para ello se vería obligado a renunciar a su trabajo en Correos y Telégrafos, lo que aceptó de inmediato. Se convirtió así en el primer becario de lo que más tarde sería El Colegio de México.
Siempre bajo la sabia dirección de José Gaos, el joven Zea culminó sus estudios, y en 1943 y 1944 obtuvo la maestría y el doctorado, respectivamente, con las dos partes de su tesis sobre El Positivismo en México. La segunda parte del trabajo le hizo merecedor de la mención Magna Cum Laude.
En el rubro profesional, Zea ocupó diferentes cargos universitarios y de carácter público. En 1947, fue designado por Samuel Ramos, Director de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, Secretario de la misma. En 1952 recibió el nombramiento de Director de Cooperación Intelectual de la Secretaría de Educación Pública, y en 1953 fue invitado por funcionarios de la UNESCO a visitar sus oficinas en París.
El Presidente Adolfo López Mateos le extendió, en 1960, el nombramiento de Director General de Relaciones Culturales de la Secretaría de Relaciones Exteriores, y en tal carácter le correspondió viajar a Europa en varias ocasiones. Esto le permitió llevar a París, Roma y Copenhague, la Exposición de Arte Mexicano. En 1961 participó en una misión de acercamiento con los pueblos recién liberados de África, y en 1964 en una Misión de Amistad por el Asia. Combinadas, estas circunstancias permitieron que la visión de América Latina quedara insertada en la visión del mundo en prácticamente su totalidad.
A instancias del entonces Rector de la UNAM, doctor Ignacio Chávez, Leopoldo Zea asumió la Dirección de la Facultad de Filosofía y Letras, donde permanecería como tal hasta 1970. Así se marcaba el destino universitario del filósofo, pues posteriormente fungiría como Director de Difusión Cultural de la propia Universidad. En 1970 recibió el nombramiento de Maestro Emérito de la Universidad Nacional Autónoma de México, y en 1985 el de Doctor Honoris Causa, de la propia máxima casa de estudios. Se hizo acreedor, en 1980, al Premio Nacional de Ciencias y Artes.
Recibió doctorados en París, (1984); Moscú, (1984), y Uruguay (1985), lo mismo que condecoraciones diversas, como reconocimiento a su actividad cultural y filosófica. Figuran entre éstas la Legión de Honor, de Francia, en 1964; El Sol del Perú, en 1966; la Orden del Libertador, en 1982; la Orden Andrés Bello, de Venezuela, en 1985; Condecoración de Italia y Condecoración de Yugoslavia, en 1963; la Orden de Alfonso el Sabio, de España, en 1985, y otras distinciones.
El maestro Zea posee una amplia bibliografía, que incluye títulos como los siguientes: En torno a la filosofía americana (1942), El positivismo en México (1943); Apogeo y decadencia del positivismo en México (1944); Dos etapas del pensamiento en Hispanoamérica (1949); América como conciencia (1953); América en la Historia (1957); El pensamiento latinoamericano (1965); La filosofía americana como filosofía sin más (1969); Dialéctica de la conciencia americana (1975); Latinoamérica en la encrucijada de la historia (1981); Filosofía de lo americano (1983); Discurso desde la marginación y la barbarie (1988); Descubrimiento e identidad latinoamericana (1990); Filosofar a la altura del hombre. Regreso de las carabelas (1993). Este es el gran pensador mexicano, con reconocimiento universal a sus méritos, que el jueves 6 de mayo de 1999 estuviera en Monterrey para dictar una conferencia en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Su conferencia, bajo el título de "El impacto de Alfonso Reyes en América Latina", se enmarcó en la edición 1999 del Festival Alfonsino de la UANL, en el aniversario 110 del nacimiento del Regiomontano Universal.
Cinco años después, el 8 de junio del 2004, nos enteramos de su lamentable fallecimiento.
Tuvimos la oportunidad de atender y presentar al maestro Zea en su visita a Monterrey. Este destacado intelectual era un hombre sencillo y agradable. Se sorprendió cuando le comentamos que en Monterrey existe una calle con su nombre. Nos comentó que con don Alfonso Reyes llevó estrecha relación, iniciada en aquella fecha en que, siendo Reyes presidente de la Casa de España en México, recibió la recomendación de José Gaos para otorgar una beca al joven Zea.
Y su relación sería frecuente, como lo consigna claramente el hecho de que Zea dedicó varios libros a don Alfonso Reyes. En la Capilla Alfonsina Biblioteca Universitaria, existen diversas obras escritas por el maestro Zea a lo largo de su prolífica carrera como pensador, y tres de estos ejemplares fueron en su momento, dedicados de puño y letra por el maestro Lepoldo Zea a don Alfonso.
Sencillas las dedicatorias, como sencillo era el maestro Zea en su gran sabiduría, se lee en Apogeo y decadencia del positivismo en México: "A Alfonso Reyes con admiración y cariño. Leopoldo Zea 11 noviembre de 1944"; en Ensayos sobre filosofía en la historia: "Al querido amigo Alfonso Reyes. Leopoldo Zea, julio 7 de 1948"; en Del Liberalismo a la Revolución en la educación mexicana: "A don Alfonso Reyes con la admiración y amistad cordial de siempre. Leopoldo Zea, Septiembre 6 de 1956".
Durante su participación en el Festival Alfonsino, el maestro Leopoldo Zea dejó en las jóvenes mentes de los universitarios, el deseo por ampliar cada día más el horizonte de sus conocimientos, así como una sana inquietud por llegar a lo que es la identidad del hombre americano en lo general, y del mexicano en lo particular.